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  • Tres años atrás, cuando el famoso volcán islandés hizo erupción, sus cenizas taparon con más de 30 cm de espesor las inmensas extensiones del latifundio del Presidente Director General Richard John Goldsilver, dejándolo al borde de la bancarrota. Más de uno pensó que era el fin de su imperio, pero no contaban con la sagaz perspicacia y habilidad para los negocios del empresario. A este se le ocurrió envasar la ceniza y venderla como producto de alta calidad para pulir metales y también, mezclándola con aceite de almendras, creó una eficaz crema tonificante para la piel y la eliminación de arrugas. A raíz de eso su fortuna quintuplicó. Es más, ahora está ansioso esperando la próxima erupción.
  • Nunca subestimes a una dama. Obra realiza por Parastone de su colección Profisti. Pieza singular que destaca por su acabado y numerosos detalles.   profisti-24.medium
  • “¡Yo no fui!”, gritó el acusado clamando su inocencia. “Fue la víctima quien se cayó sobre mi cuchillo justo cuando me estaba limpiando las uñas”. “¡Pruébelo!”, dijo con énfasis el fiscal un poco alterado. “Aunque resulta un poco extraño que alguien se limpie las uñas con un cuchillo de 30 centímetros de largo”, agregó.  
  • Con una leve sonrisa el fiscal miró al abogado defensor y dijo: – “No tiene ningún argumento para demostrar la inocencia de su defendido, absolutamente ninguno”. El abogado defensor extrajo lentamente un papel del bolsillo de su toga, miró al jurado y mostrando un test ADN dijo solemnemente: – “Aquí está la prueba”. En la sala se escuchó un “ohhh” de admiración.  
  • No había nada que irritara tanto a Ellen Jones como cuando, en la adolescencia, su hermano decía que la mujer debía ser ama de casa y punto. Desde ese momento, lo único que quiso fue ser una mujer independiente. Estudió sin parar y, aunque le sobraba capacidad, tuvo que trabajar el doble que sus compañeros. Sabía que para una mujer era dos veces más difícil avanzar en un mundo de hombres. Ahora en el puesto de Directora General de la “Ethical Planet Corporation”, una empresa de 3000 empleados, cuando piensa en las palabras que dijera una vez su hermano, entrecierra los ojos y una sonrisa se dibuja en sus labios  
  • Iustitia era la Diosa Romana de la Justicia. Su origen es del Griego Titan Themis, que fue un oráculo en Delphi, y llegó a ser conocido como un Dios de la justicia divina. Sus hijas Dike y Astrea también fueron conocidas como Diosas de la Justicia. Hay muchas versiones de la historia de Justitia, pero la mayoría de las veces es retratada llevando la Balanza de la Justicia en una mano, en la otra mano una espada y con los ojos vendados que simbolizan la justa administración del derecho sin corrupción, avaricia, prejuicio o protección en el sistema legal en el mundo occidental.  
  • El paciente de la habitación siete estaba histérico. Hacía dos horas que había entrado en Urgencias debido a una torcedura del dedo gordo del pie y ya había vuelto loco a todo el personal. Los médicos no sabían como calmarlo: uno quería atarlo a la cama, otro sugirió amputarle el dedo, otros querían ahorcarlo. Finalmente decidieron lo más eficaz, lo peor…llamar a Irenita, la enfermera del pabellón seis, la terrible, la “especialista” en enemas urticantes.
  • El paciente de la habitación siete estaba histérico. Hacía dos horas que había entrado en Urgencias debido a una torcedura del dedo gordo del pie y ya había vuelto loco a todo el personal. Los médicos no sabían como calmarlo: uno quería atarlo a la cama, otro sugirió amputarle el dedo, otros querían ahorcarlo. Finalmente decidieron lo más eficaz, lo peor…llamar a Irenita, la enfermera del pabellón seis, la terrible, la “especialista” en enemas urticantes.
  • El abuelo de Fernando Menéndez era un  viejo  lobo de mar, veterano de la guerra del Pacífico, y su padre,  almirante del Queen Elizabeth II, conocía al dedillo todos los mares del planeta. Fernando no quería ser menos, así que vendió el auto, empeñó un collar de la abuela y se compró un barquito de segunda mano. Feliz como perro con dos colas, salió con el rostro al viento a conquistar mares desconocidos. Cosa que hubiera logrado de no haber sido por ese maldito banco de arena que lo hizo encallar a solo trescientos metros del puerto.
  • A los ocho años Rubén Ponce daba lástima. Sus piernitas parecían dos palitos y corría completamente despatarrado, pero cuando tenía una pelota entre los pies, no había quien se la quitara, salvo si lo tocaban, pues entonces caía al suelo como una saco de patatas. Su padre se dio cuenta del enorme potencial de su hijo, como también de su falta de músculos para poder triunfar en el fútbol. Durante diez años le hizo seguir un régimen estricto de pasta a la boloñesa, tortilla de patatas, huevos rotos con chorizo y un buen cocido con garbanzos y mucha panceta. A los dieciocho años el joven Rubén desbordaba de salud, sus piernas daban miedo y, aunque su incipiente vientre le quitaba un poco de juego de cintura, su habilidad seguía intacta y ya nadie lo hacía caer tan fácilmente.
  • A los ocho años Rubén Ponce daba lástima. Sus piernitas parecían dos palitos y corría completamente despatarrado, pero cuando tenía una pelota entre los pies, no había quien se la quitara, salvo si lo tocaban, pues entonces caía al suelo como una saco de patatas. Su padre se dio cuenta del enorme potencial de su hijo, como también de su falta de músculos para poder triunfar en el fútbol. Durante diez años le hizo seguir un régimen estricto de pasta a la boloñesa, tortilla de patatas, huevos rotos con chorizo y un buen cocido con garbanzos y mucha panceta. A los dieciocho años el joven Rubén desbordaba de salud, sus piernas daban miedo y, aunque su incipiente vientre le quitaba un poco de juego de cintura, su habilidad seguía intacta y ya nadie lo hacía caer tan fácilmente.
  • Figura de Pintor

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    Obra realiza por Parastone de su colección Profisti. Pieza singular que destaca por su acabado y numerosos detalles.   profisti-24.medium
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  • Iustitia era la Diosa Romana de la Justicia. Su origen es del Griego Titan Themis, que fue un oráculo en Delphi, y llegó a ser conocido como un Dios de la justicia divina. Sus hijas Dike y Astrea también fueron conocidas como Diosas de la Justicia. Hay muchas versiones de la historia de Justitia, pero la mayoría de las veces es retratada llevando la Balanza de la Justicia en una mano, en la otra mano una espada y con los ojos vendados que simbolizan la justa administración del derecho sin corrupción, avaricia, prejuicio o protección en el sistema legal en el mundo occidental.  
  • “Doctora…¿me va a doler mucho?”, preguntó el paciente aterrorizado a Mariluz León, la odontóloga de la clínica “Happy Teeth”, quien, impaciente, estaba esperando con el torno en la mano. “¡Pero no, por favor, ni se va a dar cuenta!”,respondió la dentista tratando de calmarlo. “Mire, vamos a hacer una cosa, tenga este tubo de dentífrico en la mano y si le duele apriételo un poquito para calmarse”. La doctora puso en marcha el aparato y antes de introducirlo en la boca del paciente, éste apretó la pasta de dientes con tal fuerza que vació el tubo, salpicando el techo y dejando el rostro de la doctora como si le hubieran aplastado una tarta de crema.
  • "¡Glamour! Eso, eso, seducción. ¡Clic! Otra, así, así, insinuando una sonrisa a lo diva, embrújeme, ponga ojos de mujer fatal. ¡Clic! ¡Clic! ¡Clic! Ahora con mirada lasciva, observe el objetivo. ¡Clic! ¡Clic!...Vale, otra. ¡Clic! ¡Clic!”. "Bueno, basta, basta", dijo la modelo cansada de tanto trajín. "Pero mamá –respondió Alberto Maccagno–, si no practico contigo, nunca voy a llegar a ser fotógrafo de modas". "¡Pero yo ya estoy harta de tanto flash, se me están chamuscando las pestañas!", dijo la señora mientras se secaba el sudor con el paño de cocina y salía para continuar con la sopa de puerros que había dejado sobre el fuego. "Así no hay manera, el mundo no me entiende", pensó Alberto. Justo en ese preciso momento, pasó su abuela por delante de la puerta… "Abuela, abuela, venga, venga, siéntese en este banquito…"
  • Ya me lo había dicho el instructor de esquí: "Tiene que bajarse en la primera estación del funicular". Pero no, no le hice caso y aquí estoy… en la última parada, en una pista negra, mirando desde lo alto de la montaña, con los ojos desorbitados, esa interminable pendiente a 45 grados. Una gota de sudor se desliza por mi frente convirtiéndose en estalactita en la punta de mi nariz. Dos jovencitas me miran, no puedo echarme atrás, pongo cara de "esto es fácil para mí", me calzo las antiparras, inclino el cuerpo hacia adelante, planto los bastones en la nieve y salgo disparado. Al día siguiente, en la habitación 215 del Hospital del Valle, abrí el único ojo que podía y vi a cinco doctores a mi alrededor sorprendidos al verme despierto. "Nunca se ha visto a nadie bajar una pendiente a tal velocidad", dijo uno de ellos. Un enfermero me pidió hacerse un selfie conmigo. Parece que soy una celebridad.
  • Obra realiza por Parastone de su colección Profisti. Pieza singular que destaca por su acabado y numerosos detalles.   profisti-24.medium
  • Sacha se calzó las botas, cogió la escopeta, la gorra y el cinturón con los cartuchos. Su perro Tom, al verlo, empezó a saltar y correr por todos lados.“¡Querida, nos vamos de caza”, le dijo a su esposa entrecerrando los ojos. Y con aire suficiente agregó: “Esta noche cenamos pato”. Al cabo de seis horas en la laguna y luego de haber vaciado la caja de municiones, probado con un tirachinas y con cuanto palo y piedra encontró en su camino, no hubo caso, no logró cazar un solo pato. Por suerte el supermercado del pueblo estaba abierto. Esa noche cenaron un exquisito pollo de corral.
  • “Doctora…¿me va a doler mucho?”, preguntó el paciente aterrorizado a Mariluz León, la odontóloga de la clínica “Happy Teeth”, quien, impaciente, estaba esperando con el torno en la mano. “¡Pero no, por favor, ni se va a dar cuenta!”,respondió la dentista tratando de calmarlo. “Mire, vamos a hacer una cosa, tenga este tubo de dentífrico en la mano y si le duele apriételo un poquito para calmarse”. La doctora puso en marcha el aparato y antes de introducirlo en la boca del paciente, éste apretó la pasta de dientes con tal fuerza que vació el tubo, salpicando el techo y dejando el rostro de la doctora como si le hubieran aplastado una tarta de crema.  
  • Durante su infancia, Vera Timmons, fue testigo de muchos actos delictivos. Un día vio como su vecino, Peter “el Pecoso”, riendo con sarcasmo, destrozó el osito de peluche de su amiguita Katherine. A la semana siguiente, el mismo Peter, armado de una piedra, rompió el cristal de la ventana de la señora Carrigan. Otro día, el mismísimo “Pecoso” robó un manojo de caramelos metiendo sus sucias manos dentro del frasco de golosinas de tía Mary. A pesar de que Vera lo había visto, todos dijeron que mentía y culparon a su hermanita de haber sido la autora del delito.

    La injusticia, eso fue, la injusticia de haber dicho la verdad y que nadie le creyera, lo que llevó a Vera Timmons a estudiar abogacía.

    Habiendo pasado los años y luego de una brillante carrera en la universidad, Vera estaba orgullosa de ejercer su tan deseada profesión. Lo único que nunca pudo comprender muy bien fue cómo el maldito Peter “el  Pecoso”, que se había dedicado a la política, llegó a ser Senador.

  • El sargento Germán Echeverría no temía el fuego. De niño le encantaba prender los cigarrillos a su padre, amaba ese olor tan particular del azufre que desprenden los fósforos al encenderse. Su madre le decía: “No juegues con fuego que te harás pipí en la cama”.

    En otoño se divertía haciendo grandes fogatas con sus amigos del barrio, le fascinaba tirar puñados de sal gruesa sobre las llamas para escuchar cómo crepitaban. Una noche, luego de haber quemado todas las hojas secas del jardín, soñó que estaba al lado de un gran árbol y de pronto le vinieron unas tremendas ganas de hacer pis, cosa que hizo tranquilamente y con gran placer. A la mañana siguiente al despertarse, tomó la decisión más importante de su vida: de ahora en adelante combatiría el fuego sin piedad. Hizo un curso de bombero y hoy es el jefe del cuartel de su barrio. Todos lo conocen bajo el apodo de “Fosforito”.

  • Durante su infancia, Vera Timmons, fue testigo de muchos actos delictivos. Un día vio como su vecino, Peter "el Pecoso", riendo con sarcasmo, destrozó el osito de peluche de su amiguita Katherine. A la semana siguiente, el mismo Peter, armado de una piedra, rompió el cristal de la ventana de la señora Carrigan. Otro día, el mismísimo "Pecoso" robó un manojo de caramelos metiendo sus sucias manos dentro del frasco de golosinas de tía Mary. A pesar de que Vera lo había visto, todos dijeron que mentía y culparon a su hermanita de haber sido la autora del delito. La injusticia, eso fue, la injusticia de haber dicho la verdad y que nadie le creyera, lo que llevó a Vera Timmons a estudiar abogacía. Habiendo pasado los años y luego de una brillante carrera en la universidad, Vera estaba orgullosa de ejercer su tan deseada profesión. Lo único que nunca pudo comprender muy bien fue cómo el maldito Peter "el Pecoso", que se había dedicado a la política, llegó a ser Senador.  

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