• Louis-Philippe de Cabernet Sauvignon introdujo con delicadeza la punta del tirabuzón, exactamente en el centro del corcho de un burdeos milésima 1990. A pesar de que la emoción le hacía temblar el pulso, retiró delicadamente el tapón y un característico sonido de descorche hizo eco en las paredes de la bodega. Miró el estado del mismo, lo olió y una leve sonrisa iluminó su rostro. Sirvió suavemente el preciado líquido en una copa de cristal, la elevó ligeramente para apreciar su contenido límpido y brillante, de color rojo cereza intenso, con reflejos rubí y ribetes de teja oscura. La acercó a su nariz, cerró los ojos, sintió explotar aromas de chocolate, vainilla, trufas, maderas aromáticas, cueros de increíble elegancia y una gran expresión varietal. Llevó el preciado líquido a sus labios, tomo un sorbo y… se dio cuenta de que había olvidado enjuagar la copa dejándole un resto del detergente que le dio al vino un fino gusto a jabón de tocador con aromas a espray para toilette y un bouquet de productos de limpieza bien equilibrados, de gran complejidad y armonía.
  • Obra realiza por Parastone de su colección Profisti. Pieza singular que destaca por su acabado y numerosos detalles.   profisti-24.medium
  • “¡Una milanesa a la napolitana, una, para la mesa cinco!”, gritó el camarero en dirección a la cocina donde se encontrabael célebre Chef, Rodolfo Monti, probando su famosa receta de “Spaghetti a la putanesca con salsa de ortigas”. “¡Mmmh questo é eccellente, straordinario, splendido, incomparabile!”, se extasiaba el cocinero mientras un largo spaghetti “al dente” desaparecía, ruidosamente aspirado, dentro de su boca. ¡Dos lasañas a la boloñesa, dos, para la siete!”, volvió a gritar un nuevo pedido el maître d’hotel. “¡Aspetta un po’, io non sono una macchina!”, se enojaba el maestro mientras probaba un sexto spaghetti chorreando jugo. “¡Humm, questo è incommensurabile, squisito, eccezionale, favolosi!” repetía con la boca llena al mismo tiempo que mojaba un trocito de pan en la preciada salsa y se limpiaba los bigotes con el revés de la manga. Fabricadas en resina de poliuretano. La caja de presentación, envuelta en el periódico "The Forchino Times", comprende una autobiografía del artista y una selección de fotos de la colección Forchino. Un certificado de autenticidad completa el conjunto. Dimensiones: 19 x 18 x 41 cm. Serie Limitada. Edición Numerada
  • “¡Una milanesa a la napolitana, una, para la mesa cinco!”, gritó el camarero en dirección a la cocina donde se encontrabael célebre Chef, Rodolfo Monti, probando su famosa receta de “Spaghetti a la putanesca con salsa de ortigas”. “¡Mmmh questo é eccellente, straordinario, splendido, incomparabile!”, se extasiaba el cocinero mientras un largo spaghetti “al dente” desaparecía, ruidosamente aspirado, dentro de su boca. ¡Dos lasañas a la boloñesa, dos, para la siete!”, volvió a gritar un nuevo pedido el maître d’hotel. “¡Aspetta un po’, io non sono una macchina!”, se enojaba el maestro mientras probaba un sexto spaghetti chorreando jugo. “¡Humm, questo è incommensurabile, squisito, eccezionale, favolosi!” repetía con la boca llena al mismo tiempo que mojaba un trocito de pan en la preciada salsa y se limpiaba los bigotes con el revés de la manga.  
  • Obra realiza por Parastone de su colección Profisti. Pieza singular que destaca por su acabado y numerosos detalles.   profisti-24.medium
  • Paquita Gutiérrez le tenía terror al dentista. Hacía días que una muela estaba torturándola. Primero pensó que sería algo pasajero, luego probó con todos los analgésicos que encontró en el botiquín. Al tercer día fue a hablar con doña Carmen, la vecina que curaba con la palabra. Al quinto día no resistió más y pidió cita con el eminente dentista Dr. Salomón Mimran, cuya fama de excelente profesional se había extendido por todo París. Paquita, con la cara deformada por la enorme hinchazón, se sentó en el sillón del consultorio como si se tratara de una silla eléctrica. “¿Octor, e a oler?”, preguntó Paquita con la voz deformada por la inflamación. “No señora, no le va a doler”, mintió el doctor, está en buenas manos. “A ver… abra la boca y veamos ese molar estropeado” “Ero… si la engo ahierta”, dijo la señora de Gutiérrez. A la cuarta inyección, la anestesia comenzó a hacerle efecto. Sintió que su lengua era un trapo. Quiso decir algo pero sólo le salieron sonidos guturales. El Dr. Mimran pensó que iba a ser fácil, pero cuando se le rompió la segunda pinza de extracción empezó a dudar. “Relájese, que todo va bien”, volvió a mentir el dentista, mientras colocaba un pie sobre el hombro izquierdo de la paciente para hacer más fuerza. Paquita Gutiérrez se arrepintió de no haber hecho su testamento a tiempo. Después de cuarenta minutos de lucha y tras un esfuerzo sobrehumano, el doctor logró extraer la muela rebelde. Con orgullo, la miró fijamente y… empezó a sentir que un sudor frío le corría por la nuca. “A ver, abra la boca…”, dijo tembloroso el dentista, viendo que la muela que tenía en la pinza era un premolar completamente sano.
  • Obra realiza por Parastone de su colección Profisti. Pieza singular que destaca por su acabado y numerosos detalles.   profisti-24.medium
  • Paquita Gutiérrez le tenía terror al dentista. Hacía días que una muela estaba torturándola. Primero pensó que sería algo pasajero, luego probó con todos los analgésicos que encontró en el botiquín. Al tercer día fue a hablar con doña Carmen, la vecina que curaba con la palabra. Al quinto día no resistió más y pidió cita con el eminente dentista Dr. Salomón Mimran, cuya fama de excelente profesional se había extendido por todo París. Paquita, con la cara deformada por la enorme hinchazón, se sentó en el sillón del consultorio como si se tratara de una silla eléctrica. “¿Octor, e a oler?”, preguntó Paquita con la voz deformada por la inflamación. “No señora, no le va a doler”, mintió el doctor, está en buenas manos. “A ver… abra la boca y veamos ese molar estropeado” “Ero… si la engo ahierta”, dijo la señora de Gutiérrez. A la cuarta inyección, la anestesia comenzó a hacerle efecto. Sintió que su lengua era un trapo. Quiso decir algo pero sólo le salieron sonidos guturales. El Dr. Mimran pensó que iba a ser fácil, pero cuando se le rompió la segunda pinza de extracción empezó a dudar. “Relájese, que todo va bien”, volvió a mentir el dentista, mientras colocaba un pie sobre el hombro izquierdo de la paciente para hacer más fuerza. Paquita Gutiérrez se arrepintió de no haber hecho su testamento a tiempo. Después de cuarenta minutos de lucha y tras un esfuerzo sobrehumano, el doctor logró extraer la muela rebelde. Con orgullo, la miró fijamente y… empezó a sentir que un sudor frío le corría por la nuca. “A ver, abra la boca…”, dijo tembloroso el dentista, viendo que la muela que tenía en la pinza era un premolar completamente sano.
  • Obra realiza por Parastone de su colección Profisti. Pieza singular que destaca por su acabado y numerosos detalles.   profisti-24.medium
  • El doctor José Batle era una eminencia. Sus diagnósticos, siempre acertados, habían salvado la vida a cientos de personas y le habían granjeado la admiración de la alta sociedad. Todo le sonreía en la vida hasta el día en el que llegó a su consultorio la actriz más famosa de Hollywood, la despampanante Marilyn Hayworth, que había sufrido una torcedura del dedo meñique. El doctor Batle hizo desvestir inmediatamente a la paciente para asegurarse de que no tenía secuelas en ninguna otra parte del cuerpo. Luego de un profundo y minucioso examen, comprobó… que se había enamorado profundamente de ella. La diva agradeció las atenciones prestadas y salió del consultorio dejando en el aire un sugestivo perfume de camelias. Desde ese día, el doctor Batle no hace más que pensar en la gran Marilyn y esperar que se tuerza otro dedo para poder practicarle un nuevo examen, más profundo todavía.  
  • Figura de Barman

    158.15 
    Obra realiza por Parastone de su colección Profisti. Pieza singular que destaca por su acabado y numerosos detalles.   profisti-24.medium
  • Obra realiza por Parastone de su colección Profisti. Pieza singular que destaca por su acabado y numerosos detalles.   profisti-24.medium
  • Obra realiza por Parastone de su colección Profisti. Pieza singular que destaca por su acabado y numerosos detalles.   profisti-24.medium
  • Obra realiza por Parastone de su colección Profisti. Pieza singular que destaca por su acabado y numerosos detalles.   profisti-24.medium
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  • Figura de Doctor

    125.00 
    Obra realiza por Parastone de su colección Profisti. Pieza singular que destaca por su acabado y numerosos detalles.   profisti-24.medium
  • Figura de Asador

    260.00 
    “¡Hacer un asado no es moco de pavo!”, explica Freddy a un par de párvulos que lo escuchan con admiración. “Primero hay que saber encender el carbón. Después se calienta la parrilla para poder limpiarla más fácilmente”. Los niños oían embelesados al maestro. “Luego se acomodan delicadamente los trozos de carne y los chorizos en el asador. Por último, y esto es lo más importante, hay que saber esperar el momento exacto para sacar la carne a punto, y después… ¡a chuparse los dedos!” El jugo que chorrea sobre el fuego deja escapar un irresistible aroma a carne asada. Los invitados, atraídos por tan magnífica fragancia, se acercan para ver el espectáculo. Entre los murmullos de admiración de los presentes una voz se eleva y se escucha gritar: “¡Un aplauso para el asador!” Una sonrisa de satisfacción se dibuja en el rostro de Freddy, que levantando los hombros como para minimizar el asunto dice: “Y eso que no me esforcé… ¡sencillito no más!”.  
  • Cuando fuimos a cenar a “La Truffe d’Argent”, célebre restaurante de cinco tenedores, nos sentamos en una mesa al lado del magnífico ventanal desde donde se podía apreciar el Sena y la catedral de Notre Dame en todo su esplendor. Contemplamos plácidamente el atardecer que cubría París de un tenue manto rojo. Martin Ferney, afamado camarero del lugar, nos comentó la carta con tanta precisión y lujo de detalles que lo felicitamos por sus conocimientos. “Eso no es nada”, dijo, “me conozco al dedillo todos los vinos de nuestra inmensa bodega y todos los secretos de la gastronomía francesa. Es más, hay un plato que lleva mi nombre, el célebre Homard breton à la Ferney. Varios restaurantes me han ofrecido sumas colosales para contratarme pero siempre he rechazado…” Bajando la voz y entrecerrando los ojos nos confesó, con cierta vanidad, “Si me voy de aquí, este restaurante no existe más, se evapora, desaparece… puesto que soy el símbolo vivo de la excelencia en lo que a restauración francesa se refiere”. Al decir esto, alzó el mentón, dio media vuelta y con aire de suficiencia se eclipsó detrás de la barra.
  • Louis-Philippe de Cabernet Sauvignon introdujo con delicadeza la punta del tirabuzón, exactamente en el centro del corcho de un burdeos milésima 1990. A pesar de que la emoción le hacía temblar el pulso, retiró delicadamente el tapón y un característico sonido de descorche hizo eco en las paredes de la bodega. Miró el estado del mismo, lo olió y una leve sonrisa iluminó su rostro. Sirvió suavemente el preciado líquido en una copa de cristal, la elevó ligeramente para apreciar su contenido límpido y brillante, de color rojo cereza intenso, con reflejos rubí y ribetes de teja oscura. La acercó a su nariz, cerró los ojos, sintió explotar aromas de chocolate, vainilla, trufas, maderas aromáticas, cueros de increíble elegancia y una gran expresión varietal. Llevó el preciado líquido a sus labios, tomo un sorbo y… se dio cuenta de que había olvidado enjuagar la copa dejándole un resto del detergente que le dio al vino un fino gusto a jabón de tocador con aromas a espray para toilette y un bouquet de productos de limpieza bien equilibrados, de gran complejidad y armonía.  
  • Figura de Piloto

    319.00 
    Cada vez que el Comandante de a bordo Antonin Eyssette solicitaba algo, las azafatas se desvivían por complacerlo. Todas sucumbían al encanto de su personalidad, de su físico privilegiado y de sus dientes perfectos. Era capaz de hacer dos vuelos de larga distancia sin descansar y siempre fresco como una lechuguita. El único problema era que sus extremidades inferiores despedían un fuerte y penetrante olor a camembert. Eso a él no le afectaba en absoluto. Es más, cuando ponía el piloto automático, le encantaba quitarse los zapatos, colocar las piernas sobre el tablero y mover con placer los dedos de los pies diciendo: “¡Esto es vida! Mientras tanto, su copiloto, conteniendo una arcada, preparaba delicadamente la bolsita de mareo que siempre sabía tener al alcance de la mano.
  • La copa que tantas veces había soñado tener entre sus manos se hizo realidad. Ni el esguince del omóplato ni la fuerte tendinitis del brazo izquierdo habían impedido al tenaz Gustavo Lanzaro levantar bien alto el trofeo que acababa de ganar. Los “misiles” a 249 km/h que le enviara su rival habían logrado destrozarle cuatro encordados pero no su fuerza mental. Su entrenador, el célebre español Pepe Galleta inspirándose en el famoso jamón serrano, le hizo seguir durante un año una estricta dieta, obligándolo a comer única y exclusivamente bellotas. Esos duros meses de entrenamiento habían sido terribles, pero frente al excelente resultado, todo el sacrificio quedó justificado. Lo único desagradable era ese aliento salvaje que le había quedado en la boca y una marcada aversión al jamón ibérico.
  • Obra realiza por Parastone de su colección Profisti. Pieza singular que destaca por su acabado y numerosos detalles.   profisti-24.medium
  • Obra realiza por Parastone de su colección Profisti. Pieza singular que destaca por su acabado y numerosos detalles.   profisti-24.medium
  • Obra realiza por Parastone de su colección Profisti. Pieza singular que destaca por su acabado y numerosos detalles.   profisti-24.medium
  • Luis odiaba las recetas. Tratar de descifrar la incomprensible letra de los médicos lo ponía sumamente nervioso. “Dos comprim… no, dos frascos por día… no, no, dos… ¡Pero qué cuernos dice esta maldita receta! A ver, me tengo que tranquilizar… respirar profundamente como me explicó mi profesor de yoga, entrecerrar los ojos, acordarme de mis estudios de pictogramas y jeroglíficos Maya y sobre todo no ponerme nervioso. Acá me parece que dice algo que termina en tricnina, no, en xiline… ¡Pero dónde aprendió a escribir este salvaje! Media cucharadita de Mnncbli…, no Mencbli… ¡Quién me mandaría estudiar farmacia! Bueno… yo a éste le doy un jarabe para la tos, dos tubitos de aspirina, que no le hacen mal a nadie y asunto terminado” -El siguiente, por favor.
  • El hoyo estaba lejos, Mauro Rugolin debía dar un gran golpe con destreza. Él sabía que era capaz, muchas veces había visto a Tiger hacer lo mismo. Esa tarde, una gran muchedumbre había ido a verlo y todos esperaban presenciar su magnífico drive. Separó sus pies exactamente como era debido. En perfecta sincronización, comenzó una rotación de hombros y cintura estabilizando un poco más la rodilla derecha. Primero, miró un instante su lejano objetivo mientras esbozaba una pequeña sonrisa de suficiencia. Continuó su impecable movimiento fijando con la vista la pequeña pelotita. Quedó inmóvil algunos segundos y con toda sus fuerzas… ¡asestó un terrible golpe levantando un enorme pedazo de tierra! La pelotita jamás fue encontrada, pero el pedazo de tierra fue a parar sobre la cabeza del árbitro, quien tuvo que ser hospitalizado con un formidable hematoma en el ojo izquierdo.
  • El hoyo estaba lejos, Mauro Rugolin debía dar un gran golpe con destreza. Él sabía que era capaz, muchas veces había visto a Tiger hacer lo mismo. Esa tarde, una gran muchedumbre había ido a verlo y todos esperaban presenciar su magnífico drive. Separó sus pies exactamente como era debido. En perfecta sincronización, comenzó una rotación de hombros y cintura estabilizando un poco más la rodilla derecha. Primero, miró un instante su lejano objetivo mientras esbozaba una pequeña sonrisa de suficiencia. Continuó su impecable movimiento fijando con la vista la pequeña pelotita. Quedó inmóvil algunos segundos y con toda sus fuerzas… ¡asestó un terrible golpe levantando un enorme pedazo de tierra! La pelotita jamás fue encontrada, pero el pedazo de tierra fue a parar sobre la cabeza del árbitro, quien tuvo que ser hospitalizado con un formidable hematoma en el ojo izquierdo.
  • Tres años atrás, cuando el famoso volcán islandés hizo erupción, sus cenizas taparon con más de 30 cm de espesor las inmensas extensiones del latifundio del Presidente Director General Richard John Goldsilver, dejándolo al borde de la bancarrota. Más de uno pensó que era el fin de su imperio, pero no contaban con la sagaz perspicacia y habilidad para los negocios del empresario. A este se le ocurrió envasar la ceniza y venderla como producto de alta calidad para pulir metales y también, mezclándola con aceite de almendras, creó una eficaz crema tonificante para la piel y la eliminación de arrugas. A raíz de eso su fortuna quintuplicó. Es más, ahora está ansioso esperando la próxima erupción.

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