• Obra realiza por Parastone de su colección Profisti. Pieza singular que destaca por su acabado y numerosos detalles.   profisti-24.medium
  • Figura de Doctor

    125.00 
    Obra realiza por Parastone de su colección Profisti. Pieza singular que destaca por su acabado y numerosos detalles.   profisti-24.medium
  • Figura de Asador

    260.00 
    “¡Hacer un asado no es moco de pavo!”, explica Freddy a un par de párvulos que lo escuchan con admiración. “Primero hay que saber encender el carbón. Después se calienta la parrilla para poder limpiarla más fácilmente”. Los niños oían embelesados al maestro. “Luego se acomodan delicadamente los trozos de carne y los chorizos en el asador. Por último, y esto es lo más importante, hay que saber esperar el momento exacto para sacar la carne a punto, y después… ¡a chuparse los dedos!” El jugo que chorrea sobre el fuego deja escapar un irresistible aroma a carne asada. Los invitados, atraídos por tan magnífica fragancia, se acercan para ver el espectáculo. Entre los murmullos de admiración de los presentes una voz se eleva y se escucha gritar: “¡Un aplauso para el asador!” Una sonrisa de satisfacción se dibuja en el rostro de Freddy, que levantando los hombros como para minimizar el asunto dice: “Y eso que no me esforcé… ¡sencillito no más!”.  
  • Cuando fuimos a cenar a “La Truffe d’Argent”, célebre restaurante de cinco tenedores, nos sentamos en una mesa al lado del magnífico ventanal desde donde se podía apreciar el Sena y la catedral de Notre Dame en todo su esplendor. Contemplamos plácidamente el atardecer que cubría París de un tenue manto rojo. Martin Ferney, afamado camarero del lugar, nos comentó la carta con tanta precisión y lujo de detalles que lo felicitamos por sus conocimientos. “Eso no es nada”, dijo, “me conozco al dedillo todos los vinos de nuestra inmensa bodega y todos los secretos de la gastronomía francesa. Es más, hay un plato que lleva mi nombre, el célebre Homard breton à la Ferney. Varios restaurantes me han ofrecido sumas colosales para contratarme pero siempre he rechazado…” Bajando la voz y entrecerrando los ojos nos confesó, con cierta vanidad, “Si me voy de aquí, este restaurante no existe más, se evapora, desaparece… puesto que soy el símbolo vivo de la excelencia en lo que a restauración francesa se refiere”. Al decir esto, alzó el mentón, dio media vuelta y con aire de suficiencia se eclipsó detrás de la barra.
  • Louis-Philippe de Cabernet Sauvignon introdujo con delicadeza la punta del tirabuzón, exactamente en el centro del corcho de un burdeos milésima 1990. A pesar de que la emoción le hacía temblar el pulso, retiró delicadamente el tapón y un característico sonido de descorche hizo eco en las paredes de la bodega. Miró el estado del mismo, lo olió y una leve sonrisa iluminó su rostro. Sirvió suavemente el preciado líquido en una copa de cristal, la elevó ligeramente para apreciar su contenido límpido y brillante, de color rojo cereza intenso, con reflejos rubí y ribetes de teja oscura. La acercó a su nariz, cerró los ojos, sintió explotar aromas de chocolate, vainilla, trufas, maderas aromáticas, cueros de increíble elegancia y una gran expresión varietal. Llevó el preciado líquido a sus labios, tomo un sorbo y… se dio cuenta de que había olvidado enjuagar la copa dejándole un resto del detergente que le dio al vino un fino gusto a jabón de tocador con aromas a espray para toilette y un bouquet de productos de limpieza bien equilibrados, de gran complejidad y armonía.  
  • Louis-Philippe de Cabernet Sauvignon introdujo con delicadeza la punta del tirabuzón, exactamente en el centro del corcho de un burdeos milésima 1990. A pesar de que la emoción le hacía temblar el pulso, retiró delicadamente el tapón y un característico sonido de descorche hizo eco en las paredes de la bodega. Miró el estado del mismo, lo olió y una leve sonrisa iluminó su rostro. Sirvió suavemente el preciado líquido en una copa de cristal, la elevó ligeramente para apreciar su contenido límpido y brillante, de color rojo cereza intenso, con reflejos rubí y ribetes de teja oscura. La acercó a su nariz, cerró los ojos, sintió explotar aromas de chocolate, vainilla, trufas, maderas aromáticas, cueros de increíble elegancia y una gran expresión varietal. Llevó el preciado líquido a sus labios, tomo un sorbo y… se dio cuenta de que había olvidado enjuagar la copa dejándole un resto del detergente que le dio al vino un fino gusto a jabón de tocador con aromas a espray para toilette y un bouquet de productos de limpieza bien equilibrados, de gran complejidad y armonía.
  • Obra realiza por Parastone de su colección Profisti. Pieza singular que destaca por su acabado y numerosos detalles.   profisti-24.medium
  • “¡Una milanesa a la napolitana, una, para la mesa cinco!”, gritó el camarero en dirección a la cocina donde se encontrabael célebre Chef, Rodolfo Monti, probando su famosa receta de “Spaghetti a la putanesca con salsa de ortigas”. “¡Mmmh questo é eccellente, straordinario, splendido, incomparabile!”, se extasiaba el cocinero mientras un largo spaghetti “al dente” desaparecía, ruidosamente aspirado, dentro de su boca. ¡Dos lasañas a la boloñesa, dos, para la siete!”, volvió a gritar un nuevo pedido el maître d’hotel. “¡Aspetta un po’, io non sono una macchina!”, se enojaba el maestro mientras probaba un sexto spaghetti chorreando jugo. “¡Humm, questo è incommensurabile, squisito, eccezionale, favolosi!” repetía con la boca llena al mismo tiempo que mojaba un trocito de pan en la preciada salsa y se limpiaba los bigotes con el revés de la manga. Fabricadas en resina de poliuretano. La caja de presentación, envuelta en el periódico "The Forchino Times", comprende una autobiografía del artista y una selección de fotos de la colección Forchino. Un certificado de autenticidad completa el conjunto. Dimensiones: 19 x 18 x 41 cm. Serie Limitada. Edición Numerada
  • “¡Una milanesa a la napolitana, una, para la mesa cinco!”, gritó el camarero en dirección a la cocina donde se encontrabael célebre Chef, Rodolfo Monti, probando su famosa receta de “Spaghetti a la putanesca con salsa de ortigas”. “¡Mmmh questo é eccellente, straordinario, splendido, incomparabile!”, se extasiaba el cocinero mientras un largo spaghetti “al dente” desaparecía, ruidosamente aspirado, dentro de su boca. ¡Dos lasañas a la boloñesa, dos, para la siete!”, volvió a gritar un nuevo pedido el maître d’hotel. “¡Aspetta un po’, io non sono una macchina!”, se enojaba el maestro mientras probaba un sexto spaghetti chorreando jugo. “¡Humm, questo è incommensurabile, squisito, eccezionale, favolosi!” repetía con la boca llena al mismo tiempo que mojaba un trocito de pan en la preciada salsa y se limpiaba los bigotes con el revés de la manga.  
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  • Paquita Gutiérrez le tenía terror al dentista. Hacía días que una muela estaba torturándola. Primero pensó que sería algo pasajero, luego probó con todos los analgésicos que encontró en el botiquín. Al tercer día fue a hablar con doña Carmen, la vecina que curaba con la palabra. Al quinto día no resistió más y pidió cita con el eminente dentista Dr. Salomón Mimran, cuya fama de excelente profesional se había extendido por todo París. Paquita, con la cara deformada por la enorme hinchazón, se sentó en el sillón del consultorio como si se tratara de una silla eléctrica. “¿Octor, e a oler?”, preguntó Paquita con la voz deformada por la inflamación. “No señora, no le va a doler”, mintió el doctor, está en buenas manos. “A ver… abra la boca y veamos ese molar estropeado” “Ero… si la engo ahierta”, dijo la señora de Gutiérrez. A la cuarta inyección, la anestesia comenzó a hacerle efecto. Sintió que su lengua era un trapo. Quiso decir algo pero sólo le salieron sonidos guturales. El Dr. Mimran pensó que iba a ser fácil, pero cuando se le rompió la segunda pinza de extracción empezó a dudar. “Relájese, que todo va bien”, volvió a mentir el dentista, mientras colocaba un pie sobre el hombro izquierdo de la paciente para hacer más fuerza. Paquita Gutiérrez se arrepintió de no haber hecho su testamento a tiempo. Después de cuarenta minutos de lucha y tras un esfuerzo sobrehumano, el doctor logró extraer la muela rebelde. Con orgullo, la miró fijamente y… empezó a sentir que un sudor frío le corría por la nuca. “A ver, abra la boca…”, dijo tembloroso el dentista, viendo que la muela que tenía en la pinza era un premolar completamente sano.
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  • Paquita Gutiérrez le tenía terror al dentista. Hacía días que una muela estaba torturándola. Primero pensó que sería algo pasajero, luego probó con todos los analgésicos que encontró en el botiquín. Al tercer día fue a hablar con doña Carmen, la vecina que curaba con la palabra. Al quinto día no resistió más y pidió cita con el eminente dentista Dr. Salomón Mimran, cuya fama de excelente profesional se había extendido por todo París. Paquita, con la cara deformada por la enorme hinchazón, se sentó en el sillón del consultorio como si se tratara de una silla eléctrica. “¿Octor, e a oler?”, preguntó Paquita con la voz deformada por la inflamación. “No señora, no le va a doler”, mintió el doctor, está en buenas manos. “A ver… abra la boca y veamos ese molar estropeado” “Ero… si la engo ahierta”, dijo la señora de Gutiérrez. A la cuarta inyección, la anestesia comenzó a hacerle efecto. Sintió que su lengua era un trapo. Quiso decir algo pero sólo le salieron sonidos guturales. El Dr. Mimran pensó que iba a ser fácil, pero cuando se le rompió la segunda pinza de extracción empezó a dudar. “Relájese, que todo va bien”, volvió a mentir el dentista, mientras colocaba un pie sobre el hombro izquierdo de la paciente para hacer más fuerza. Paquita Gutiérrez se arrepintió de no haber hecho su testamento a tiempo. Después de cuarenta minutos de lucha y tras un esfuerzo sobrehumano, el doctor logró extraer la muela rebelde. Con orgullo, la miró fijamente y… empezó a sentir que un sudor frío le corría por la nuca. “A ver, abra la boca…”, dijo tembloroso el dentista, viendo que la muela que tenía en la pinza era un premolar completamente sano.
  • Obra realiza por Parastone de su colección Profisti. Pieza singular que destaca por su acabado y numerosos detalles.   profisti-24.medium
  • El doctor José Batle era una eminencia. Sus diagnósticos, siempre acertados, habían salvado la vida a cientos de personas y le habían granjeado la admiración de la alta sociedad. Todo le sonreía en la vida hasta el día en el que llegó a su consultorio la actriz más famosa de Hollywood, la despampanante Marilyn Hayworth, que había sufrido una torcedura del dedo meñique. El doctor Batle hizo desvestir inmediatamente a la paciente para asegurarse de que no tenía secuelas en ninguna otra parte del cuerpo. Luego de un profundo y minucioso examen, comprobó… que se había enamorado profundamente de ella. La diva agradeció las atenciones prestadas y salió del consultorio dejando en el aire un sugestivo perfume de camelias. Desde ese día, el doctor Batle no hace más que pensar en la gran Marilyn y esperar que se tuerza otro dedo para poder practicarle un nuevo examen, más profundo todavía.  
  • Figura de Barman

    158.15 
    Obra realiza por Parastone de su colección Profisti. Pieza singular que destaca por su acabado y numerosos detalles.   profisti-24.medium
  • Obra realiza por Parastone de su colección Profisti. Pieza singular que destaca por su acabado y numerosos detalles.   profisti-24.medium
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  • Chris era un tipo feliz, sin lugar a dudas, un triunfador. “¡El éxito sonríe a los exitosos!”, solía decirse a sí mismo. Su agenda de trabajo estaba siempre a tope. Cuando no estaba de viaje de negocios, se encontraba en su oficina dando órdenes, hablando con su móvil, enviando mensajes y e-mails o comprando y vendiendo acciones. Un hiperactivo. Cuando viajaba en avión lo hacía siempre en business class y gozaba de su estatus de VIP. Sólo usaba zapatos italianos a medida, trajes de paño inglés y camisas de la mejor calidad. Dormía tan sólo 4 horas por día, soñaba con la bolsa de valores y las stock-options. Se veía como el futuro director general de la empresa, hasta que un día… un ataque de estrés y una terrible crisis de nervios lo llevaron a replantearse su vida. Se compró una cabaña en la montaña, una hamaca para dos y de vez en cuando se dedica a cazar mariposas. Chris es realmente feliz.
  • Mi hermano me decía que con mi timidez nunca lograría tener novia …Pensar que ahora que soy experto en computadoras tengo más de 8000 amigos virtuales, de los cuales 6000 son mujeres y entre ellas hay unas 2500 con las que ya he vivido un apasionado “ciber-amor”. No hay como estar enamorado, uno siente como si el disco duro te latiera a una intensidad de 800mA y tu cerebro fuese un Pen Drive 2.0 64 Go. Si, así es… ¡Siempre fui un romántico Web 3.0! Fabricadas en resina de poliuretano.
  • Sin stock
    A Juan Teruggi, de pequeño, le encantaba ayudar a su abuela, especialmente cuando preparaba pasteles, limpiando con su lengua la cuchara embadurnada de masa. Siempre supo que sería cocinero, pero no cualquier cocinero, él sería “Master Chef”. Luego de años de estudio en las más destacadas escuelas de restauración, llegó el día del examen final. El jurado le pidió que hiciera… ¡un huevo frito! Sin mostrar asombro frente a tan inesperada demanda, con aires de superioridad y ademanes de bailarín clásico, calentó aceite de oliva y mantequilla. Rompió un huevo fresco, separó la clara y la puso a cocinar. La saló y pimentó, un minuto después depositó con maestría la yema en el centro. Dos minutos más tarde retiró la sartén del fuego, sirvió el huevo sobre un amplio plato de porcelana, decoró con dos ramitas de ciboulette y salpicó el borde con un toque de paprika para dar color. Girando, con gesto grandilocuente mientras hacía una reverencia, lo presentó a los examinadores. Todo hubiera sido un gran éxito de no ser porque el huevo, al deslizarse del plato, fue a parar debajo de la mesa del jurado.
  • Después de haber visto durante su infancia “The Lucille Ball Show”, Pipo Saulle se ha vuelto teleadicto. Mira todas las series y novelas que pasan en la tele. Para él, el telemando es el mejor invento después de la pequeña pantalla. No deja de hacer zapping ni un instante, le fascina. Está al tanto de todos los chismes de la farándula. Conoce los anuncios de memoria y puede adivinar la marca del producto antes de que ésta aparezca en la pantalla, en este juego es imbatible. Cuando gana, levanta los brazos al cielo haciendo la V de la victoria mientras da vueltas alrededor de la mesita gritando: ¡gaaa-né, gaaa-né!. Su otra pasión son los pop corn y las hamburguesas que alterna con enormes tragos de cerveza helada. ¡Ah! ¡Qué fantástica es la vida! Si no tuviera que ir a trabajar, se sentiría en el paraíso.
  • En el salón de peinados “Crazy Hair” predominan las tendencias más innovadoras y conceptuales del momento. El maître estilista Rossano Alessandro creó un fortificante para el cabello a base de algas del mar Rojo mezcladas con orín de castor, ajo púrpura de China, caviar del mar Caspio y camembert de Normandía. A las clientas les encanta estar a la moda y dan cualquier cosa por una sesión de este tonificante capilar. La experiencia es alucinante, se quedan horas charlando mientras el magnífico ungüento hace su efecto. La fragancia que exhalan recuerda el esplendor de la corte de Versalles y los nobles efluvios que daban categoría y distinción al lugar. Eso sí, a veces se hace un poco difícil espantar las moscas.
  • Figura de Piloto

    319.00 
    Cada vez que el Comandante de a bordo Antonin Eyssette solicitaba algo, las azafatas se desvivían por complacerlo. Todas sucumbían al encanto de su personalidad, de su físico privilegiado y de sus dientes perfectos. Era capaz de hacer dos vuelos de larga distancia sin descansar y siempre fresco como una lechuguita. El único problema era que sus extremidades inferiores despedían un fuerte y penetrante olor a camembert. Eso a él no le afectaba en absoluto. Es más, cuando ponía el piloto automático, le encantaba quitarse los zapatos, colocar las piernas sobre el tablero y mover con placer los dedos de los pies diciendo: “¡Esto es vida! Mientras tanto, su copiloto, conteniendo una arcada, preparaba delicadamente la bolsita de mareo que siempre sabía tener al alcance de la mano.
  • La copa que tantas veces había soñado tener entre sus manos se hizo realidad. Ni el esguince del omóplato ni la fuerte tendinitis del brazo izquierdo habían impedido al tenaz Gustavo Lanzaro levantar bien alto el trofeo que acababa de ganar. Los “misiles” a 249 km/h que le enviara su rival habían logrado destrozarle cuatro encordados pero no su fuerza mental. Su entrenador, el célebre español Pepe Galleta inspirándose en el famoso jamón serrano, le hizo seguir durante un año una estricta dieta, obligándolo a comer única y exclusivamente bellotas. Esos duros meses de entrenamiento habían sido terribles, pero frente al excelente resultado, todo el sacrificio quedó justificado. Lo único desagradable era ese aliento salvaje que le había quedado en la boca y una marcada aversión al jamón ibérico.
  • Obra realiza por Parastone de su colección Profisti. Pieza singular que destaca por su acabado y numerosos detalles.   profisti-24.medium
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